Notas para un Cortometraje Gore
martes, 8 de septiembre de 2009
Como cada mañana, Paco Weistmaeir salió del Psiquiátrico y emprendió camino hacia el kiosko del joven Montgomery Wildman a comprar su paquete de Lucky Strike y un paquete de pilas para su radio. Su paso era ligero y decidido, pero aún así nunca pasaba por alto los encantos de la delicada naturaleza, con quien deseaba poder contraer matrimonio algún día.
– Hermoso día. Parece que un inmenso manto de tonos marrones y dorados se ha adueñado de todos los árboles de la barriada. ¡Qué hermoso es otoño! ¡La época perfecta para reemprender viejas batallas de amor! ¡Acometer nuevos... nuevos... ¡mierda! – Paco Weistmaeir recordó que era daltónico y optó por seguir caminando en silencio.
La llegada de Paco Weistmaeir al Kiosko tuvo una ligera variante con respecto a anteriores ocasiones: el joven Montgomery yacía en su silla cubierto de sangre y con una enorme brecha en la sien. Pero esto no era lo más grave. Paco Weistmaeir descubrió que los cartoncillos de Lucky Strike todavía no habían sido repuestos.
Mientas Paco Weistmaeir comprobaba entre sollozos que sus ansiadas pilas estaban cubiertas de seso y de pequeños fragmentos de cráneo, observó como varios dedos de la mano de Montgomery estaban apilados –casualmente- en el recipiente de las gominolas con forma de dedo. También la ensangrentada lengua de Montgomery se encontraba en el estuche de las azucaradas lenguas y los dientes del kioskero hacían lo propio en el envase de las edulcoradas dentaduras. Casi de manera instantánea, la mirada de Paco Weistmaeir marcó destino hacia las gominolas con forma de pie, pero una enorme tristeza y desencanto se apoderó de él al no encontrar ni rastro de las extremidades inferiores del joven Montgomery.
En un primer momento, Paco Weistmaeir interpretó la escena como un recurso publicitario para alentar entre los clientes más indecisos el deseo de comprar coleccionables, pero esta interpretación le pareció totalmente irracional y absurda ya que Montgomery Wildman no vendía coleccionables del cuerpo humano.
- ¡Eh, Montgomery¡ ¿Qué tal estás, amigo? ¿Has visto qué día tan hermoso?
Paco Weistmaeir hizo todo lo posible para revitalizar al joven kioskero, pero lo único que consiguió con tanto zarandeo fue terminar de desprender la cabeza del cuello de Montgomery Wildman. Cogió la cabeza y pensó que lo más acertado sería preservarla en el envase de gominolas con forma de cabeza, pero no encontró tal envase por lo que optó por tirarla al cubo de la fregona. Tras varios minutos de reflexión, Paco Weistmaeir llegó a la conclusión de que el joven kioskero, en un arrebato de amor sin medida, quiso fundirse con su amado Kiosko de la misma forma que él deseaba fundirse con su amada naturaleza. A Paco le pareció algo realmente entrañable aunque muy poco práctico y aburrido.
-¿Cómo podría ver películas si no tengo cabeza? ¿Cómo me ataría los cordones de los zapatos si no tengo dedos? ¿Cómo le sacaría la lengua a la Sra. Gulmad si no tengo lengua?
Llegados a este punto, Paco Weistmaeir decidió poner fin a su romance con la naturaleza de forma unilateral. Sin darle explicaciones y afirmando que nunca le concedería una segunda oportunidad. Varios meses más tarde fue dado de alta en el Hospital Psiquiátrico y, tras una serie de “enchufues”, consiguió el puesto de conserje en un Colegio Público el mismo día en el un juez envió a la cárcel a Ronald Lang por el asesinato de Montgomery Wildman.
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