Lo que piensan las cervezas (estudio científico y pormenorizado)
martes, 29 de septiembre de 2009
Hoy, estimados gazpachueleros, desglosaremos el carácter de una de nuestras más ilustres compañeras nocturnas: la cerveza. Porque nuestro bebible favorito, como bien sabéis, es mucho más que un líquido amarillento que brota mágicamente de un receptáculo cristalino. La cerveza tiene conciencia, sí... y no siempre sabemos qué es lo que piensa acerca de nosotros...
Quizás en lo primero que deberíamos reflexionar es en que, de la misma forma que en el género humano encontramos determinadas cualidades, dentro de las cervezas podemos hallar de igual manera distintos modos de relación para con el hombre. Así pues, vayamos paso por paso, analizando, siempre desde el punto de vista del cervecero hispano, algunas de las más célebres variantes:
- Lager Pilsener (San Miguel, Estrella Damm, Victoria...): La rubia de toda la vida. En pocas palabras: amigable y resuelta. La tipo pilsen es el compañero que está a tu lado siempre que lo necesitas, aunque a la larga pueda resultarte aburrido. No obstante, no te molesta su presencia, e incluso agradeces que, cuando no haya nadie más, siempre esté ahi, sin importarle si momentáneamente lo habías dejado de lado. "Todos tenemos tentaciones", manifiesta sin resentimiento alguno. Si es que es un pedazo de pan.
- Lager de importación (Budweiser, Fosters...): Son las cervezas idénticas a las típicas lager españolas, pero cuya fábrica núcleo está radicada en otro país. Bien, hablamos de una compañia de la que tampoco nos falta conocimiento. La lager de importación presume de exotismo, y, en primera instancia, razón no le falta. La miras, y piensas: "Qué suerte, debe haber visto la Estatua de la Libertad, la Ópera de Sídney... y yo no". Pero, en el fondo, ¿qué te aporta? Nada nuevo. No hay fotos, no hay souvenirs, no hay anécdotas. "Mi padre y mi madre son italianos" afirma con rotundidad una Nastro Azzurro, llena de orgullo. "¿Y tú?", le preguntas, ilusionado. "Yo hablo español mejor que tú", contesta. Pues vaya desencanto.
- Mexicana (Coronita, Desperados, Sol...): La cerveza mexicana presume de ser el alma de la fiesta. Claro, viniendo del país de los mariachis, el chile, el tequila y el peyote, no debería ser menos, ¿no? Esta variante de nuestro dorado elixir es un amigo que insiste todo el rato en ser muy macho, pinche wey, pendejo. A la hora de la verdad, su sabor es más suave que el de las lagers típicas, casi no tiene espuma, y hay que añadirle limón para darle su puntito. Lo que viene a ser un mexicano con un gatillazo. En fin, al menos es buena gente.
- Roja (eminentemente, Murphy's): Se correspondería con el típico borrachín de pub irlandés. Pelirrojo y travieso, la stout irlandesa roja es un leprechaun en estado líquido, brincando a ritmo de folk, y festejando un San Patricio perpetuo. Suele engancharte del cuello para contarte su última ocurrencia, descojonándose él sólo. Como uno de esos típicos personajes de pub, frío cae mejor, pero sólo cuando entra un poco en calor es posible apreciar sus matices, aún a riesgo de entrar en sus lúdicas tendencias.
- Negra (Guinness, por lo general): Hablamos, evidentemente de la inigualable stout irlandesa negra, tan carismática y elegante como hermética. La cerveza negra, ahí donde la véis, es muy suya, y no consiente que le tosan. Además es muy señorita, y en el momento de ser servida, exige estar a la temperatura idónea. Por eso odia venir a España, donde la enfrían impía e impunemente. Aunque no le gusta airear sus secretos, se maquilla con nitrógeno para conseguir esa espuma tan característica. Su relación con su paisana (y prima-hermana) roja es de amor-odio; pueden interrelacionarse y coexistir, incluso hablarán de sus cosas ("¿Oye, cómo anda la cosa por el Ulster?", "¿Estuviste en el último concierto de U2?", "El otro día me topé con una bock monísima que venía de Erasmus..."), pero la negra, a la larga, acabará sintiéndose a disgusto. Por muy populares que sean ambas, la negra siempre pensará que tiene más clase...
- Weissbier (Paulaner, Franziskaner...): Nuestro espigado y albino amigo se compone, en una alta proporción, de trigo, así que nadie duda de su carácter campechano, aunque un poco turbio. Por ello, parte de su atracción reside en su misteriosa opacidad. La otra parte reside en su tamaño (es raro verlo habitar botellas de menos de medio litro). La weissbier es un alemán raro y solitario, de pocas palabras, cierta tendencia mística, y sabor peculiar con un punto afrutado, por lo que no es extraño que tenga pocos amigos. Eso sí, muy leales.
- De abadía (Grimbergen, Affligem, Leffe...): La cerveza de abadía es un amigo con pedigrí un tanto difuso. Es un tipo cosmopolita, fuerte pero dulce, para el que lo más importante es la tradición familiar, aunque de la nobleza de antaño sólo conserve el apellido. A raiz de esto, y paralelizando el talante de la lager de importación, no deja de ser paradójico que la mayoría de las veces la cerveza de abadía no haya pisado una abadía de verdad... Como cualquier chico de buena familia que se precie, aunque vivan un poco del cuento, se escudan en su gradación para darse a valer en la sociedad: los más populares son los Dubbel o Trippel, aunque un Quadruppel (que haberlos, haylos) llega a ser rudo, bien morenito y tremendamente soberbio.
- Trapense: (Chimay, Trappe...): Como en toda rama nobiliaria, siempre hay un primo lejano de recia y merecida estirpe; eso les pasa a las cervezas de abadía en relación con las trapenses; parecen lo mismo, pero no lo son. Éste es un tipo con denominación de origen. Pijo, para qué vamos a negarlo, pero también único en su especie. Como estudia en colegios de curas severos, construye su genio a partir de los palos que se lleva de los monjes, lo que le lleva a imprimir unos atributos complejos y especiados. Es un mozo solemne y reservado, pero merece la pena toparse con él. Y es de los pocos que mejoran con la edad.
Quizás en lo primero que deberíamos reflexionar es en que, de la misma forma que en el género humano encontramos determinadas cualidades, dentro de las cervezas podemos hallar de igual manera distintos modos de relación para con el hombre. Así pues, vayamos paso por paso, analizando, siempre desde el punto de vista del cervecero hispano, algunas de las más célebres variantes:
- Lager Pilsener (San Miguel, Estrella Damm, Victoria...): La rubia de toda la vida. En pocas palabras: amigable y resuelta. La tipo pilsen es el compañero que está a tu lado siempre que lo necesitas, aunque a la larga pueda resultarte aburrido. No obstante, no te molesta su presencia, e incluso agradeces que, cuando no haya nadie más, siempre esté ahi, sin importarle si momentáneamente lo habías dejado de lado. "Todos tenemos tentaciones", manifiesta sin resentimiento alguno. Si es que es un pedazo de pan.
- Lager de importación (Budweiser, Fosters...): Son las cervezas idénticas a las típicas lager españolas, pero cuya fábrica núcleo está radicada en otro país. Bien, hablamos de una compañia de la que tampoco nos falta conocimiento. La lager de importación presume de exotismo, y, en primera instancia, razón no le falta. La miras, y piensas: "Qué suerte, debe haber visto la Estatua de la Libertad, la Ópera de Sídney... y yo no". Pero, en el fondo, ¿qué te aporta? Nada nuevo. No hay fotos, no hay souvenirs, no hay anécdotas. "Mi padre y mi madre son italianos" afirma con rotundidad una Nastro Azzurro, llena de orgullo. "¿Y tú?", le preguntas, ilusionado. "Yo hablo español mejor que tú", contesta. Pues vaya desencanto.
- Mexicana (Coronita, Desperados, Sol...): La cerveza mexicana presume de ser el alma de la fiesta. Claro, viniendo del país de los mariachis, el chile, el tequila y el peyote, no debería ser menos, ¿no? Esta variante de nuestro dorado elixir es un amigo que insiste todo el rato en ser muy macho, pinche wey, pendejo. A la hora de la verdad, su sabor es más suave que el de las lagers típicas, casi no tiene espuma, y hay que añadirle limón para darle su puntito. Lo que viene a ser un mexicano con un gatillazo. En fin, al menos es buena gente.
- Roja (eminentemente, Murphy's): Se correspondería con el típico borrachín de pub irlandés. Pelirrojo y travieso, la stout irlandesa roja es un leprechaun en estado líquido, brincando a ritmo de folk, y festejando un San Patricio perpetuo. Suele engancharte del cuello para contarte su última ocurrencia, descojonándose él sólo. Como uno de esos típicos personajes de pub, frío cae mejor, pero sólo cuando entra un poco en calor es posible apreciar sus matices, aún a riesgo de entrar en sus lúdicas tendencias.
- Negra (Guinness, por lo general): Hablamos, evidentemente de la inigualable stout irlandesa negra, tan carismática y elegante como hermética. La cerveza negra, ahí donde la véis, es muy suya, y no consiente que le tosan. Además es muy señorita, y en el momento de ser servida, exige estar a la temperatura idónea. Por eso odia venir a España, donde la enfrían impía e impunemente. Aunque no le gusta airear sus secretos, se maquilla con nitrógeno para conseguir esa espuma tan característica. Su relación con su paisana (y prima-hermana) roja es de amor-odio; pueden interrelacionarse y coexistir, incluso hablarán de sus cosas ("¿Oye, cómo anda la cosa por el Ulster?", "¿Estuviste en el último concierto de U2?", "El otro día me topé con una bock monísima que venía de Erasmus..."), pero la negra, a la larga, acabará sintiéndose a disgusto. Por muy populares que sean ambas, la negra siempre pensará que tiene más clase...
- Weissbier (Paulaner, Franziskaner...): Nuestro espigado y albino amigo se compone, en una alta proporción, de trigo, así que nadie duda de su carácter campechano, aunque un poco turbio. Por ello, parte de su atracción reside en su misteriosa opacidad. La otra parte reside en su tamaño (es raro verlo habitar botellas de menos de medio litro). La weissbier es un alemán raro y solitario, de pocas palabras, cierta tendencia mística, y sabor peculiar con un punto afrutado, por lo que no es extraño que tenga pocos amigos. Eso sí, muy leales.
- De abadía (Grimbergen, Affligem, Leffe...): La cerveza de abadía es un amigo con pedigrí un tanto difuso. Es un tipo cosmopolita, fuerte pero dulce, para el que lo más importante es la tradición familiar, aunque de la nobleza de antaño sólo conserve el apellido. A raiz de esto, y paralelizando el talante de la lager de importación, no deja de ser paradójico que la mayoría de las veces la cerveza de abadía no haya pisado una abadía de verdad... Como cualquier chico de buena familia que se precie, aunque vivan un poco del cuento, se escudan en su gradación para darse a valer en la sociedad: los más populares son los Dubbel o Trippel, aunque un Quadruppel (que haberlos, haylos) llega a ser rudo, bien morenito y tremendamente soberbio.
- Trapense: (Chimay, Trappe...): Como en toda rama nobiliaria, siempre hay un primo lejano de recia y merecida estirpe; eso les pasa a las cervezas de abadía en relación con las trapenses; parecen lo mismo, pero no lo son. Éste es un tipo con denominación de origen. Pijo, para qué vamos a negarlo, pero también único en su especie. Como estudia en colegios de curas severos, construye su genio a partir de los palos que se lleva de los monjes, lo que le lleva a imprimir unos atributos complejos y especiados. Es un mozo solemne y reservado, pero merece la pena toparse con él. Y es de los pocos que mejoran con la edad.
- Género mixto (MiXta, Sandy...): Una cerveza insulsa y banal a la que han tenido que añadir algún complemento en forma de refresco carbonatado para forjar su artificial carácter. Superficial, adulterada, de inteligencia limitada, y de dudosa confianza, sus promesas acerca de su "novedoso sabor" caen por su propio peso, bastando simplemente con acercar el naso a la boca de la botella para darse cuenta. Lo único bueno es que disimula fatal y se la ve venir. Procura que no te vean en su compañía, o los rumores correrán de boca en boca...
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Hay muchas más cervezas con las que el consumidor español medio no está acostumbrado a bregar (que le pregunten a cualquier centroeuropeo...), así que dejaremos este estudio aquí, con la esperanza de que os haya servido para conocer mejor a nuestra eterna y fluída colega. Nos vemos en próximos y aún más interesantes análisis.
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